¿Sabes a cuál me refiero?
¿Sabes esa sensación del final del día cuando piensas en todo lo que has hecho hoy?
¿Sabes a cuál me refiero?
No me refiero a la sensación de pena.
Ni a la de cansancio.
No me refiero a la sensación de qué estoy haciendo con mi vida que no avanzo.
Tampoco a la de madre mía todo lo que tengo que hacer mañana.
Me refiero a la sensación de plenitud.
Plenitud por haber hecho todo lo que tenía que hacer en el día para convertirme en una mejor persona.
Trabajo.
Entreno.
Alimentación.
Relaciones.
…
Esa sensación para mí es la más cercana a “felicidad”, y no cuesta nada más que tu fuerza de voluntad.
No te pido que cambies tu vida.
Te pido que esta noche, cuando te acuestes, puedas decirte: hoy fui la persona que quiero ser.
Eso es todo. Y es suficiente.

La felicidad quiza es una palabra demasiado grande.
Pero acostarte sabiendo que hiciste lo que dijiste que ibas a hacer,
eso sí está bajo tu control.